Uno de los conceptos más claros que escuché en la interpelación a Aníbal Ibarra (mala suerte la del jefe de Gobierno progre tener que lidiar con una bien fulera) fue el que expresó Norberto La Porta: qué llamativo resulta --decía el socialista-- que los representantes de los partidos más inclinados a la "abolición" del Estado (al que acusan de inoperante y elefantiásico) sean precisamente los que denuncian que su ausencia es la causa de la tragedia de Cromañón.
Claro que esto es una estrategia para botar a Ibarra, porque no podemos pensar que quienes proponen como sistema político que, con perdón de los politólogos, llamaría "un empresariato" (¿o Macri viene de la militancia social o política?) quieran el regreso del "Estado de bienestar".
Lo lamento porque todo esto se hace a costa del dolor de los familiares de las víctimas y de los propios sobrevivientes de esa noche que no debió ser.
Para ellos, nada es suficiente. Si Ibarra ofreciera su cabeza (y casi lo está haciendo) no bastaría para colmar su dolor. Lo que indigna es la manipulación a que los someten y la falta de lucidez (no escuché una sola voz, un quiebre en esa interna, como sucede con los familiares de víctimas de la violencia, v. gr. la movida pro y anti Blumberg) para determinar qué fue lo que permitió que sucediera lo que sucedió esa noche de víspera de año nuevo en el barrio de Once.
Pobre Ibarra. Como le dijo hoy una madre, "le tocó a él". Pero no hay casualidades. Muchos estaban esperando que "le tocara algo". Y tuvieron suerte. Le tocó.
Ojalá se reaccione a tiempo. Ojalá la gente empiece a darse cuenta de que hace tiempo que ella misma viene convalidando la desaparición del Estado, que hace rato que no está el Estado para controlar, supervisar, verificar, curar, educar. O, por lo menos, que lo hace con muchísimas restricciones.
Tal vez algunos padres preocupados hoy por el futuro de sus hijos podrían leer qué dice al respecto cualquier libro de texto de Ciencias Sociales actualizado para la enseñanza secundaria. Ahí van a poder enterarse de que a sus hijos se les está enseñando que hay un Estado que no está. Pero parece que nadie quiere entender que de eso se trata cuando se piden privatizaciones para "mejorar los servicios" o "agilizar los trámites" porque la burocracia es mucha.
No, papá Estado no está para cuidarnos. Y parece que en su lugar van a estar los Macri. Que el Cielo nos asista (aunque Nietzche ya decretó la muerte de Dios), porque ellos, lo dudo...
Pensamientos cazados al vuelo (mío o ajeno), misivas que no se estilan, reflexiones quejumbrosas o alborozadas, algún exabrupto. Palabras, palabras, palabras que se cuecen en todos los fuegos. Y el fuego...
1.2.05
30.1.05
Comportamiento durante los viajes
Supongo que los especialistas ya habrán elaborado hipótesis al respecto. Me refiero a lo que sucede con la gente en cuanto sube a un medio de transporte que dispone de comestibles y "bebestibles", especialmente los terrestres ( los transportes) y, por supuestísimo, los fluviales como Buquebús también, que, además, cuenta con Free Shop para saciar ansias consumistas. Pero eso da para otro post, así que valga como mención al paso. En los aviones, por intrínsecas características, la conducta del pasajero no sigue los mismos patrones.
Pregúntome, pero no sé si podré responderme, a qué se debe esa imperiosa necesidad de desplazarse una vez acomodado el equipaje, o casi, para ir en busca de gaseosas, café, agua mineral, sándwiches, tortas, tartas, empanadas..., según la oferta, a desmesurados precios, o gratuita; y si es gratis ¡peor! (o mejor, depende del punto de vista).
Apenas uno se ha instalado en su asiento, apenas uno se dice "qué bueno, un viajecito relaja, empiezo mis vacaciones" o "tengo un rato para distenderme antes de llegar", cuando se inicia el ir y venir por el(los) pasillo(s) que se convierte(n) en una carretera sumamente transitada y, claro, peligrosa. Bandejas que hacen equilibrio sobre nuestras cabezas; niños que corren llevando un vaso descartable lleno hasta el tope y pasan rozando nuestras personas (ay, qué lindos nenitos que tiene señora!); hombres y mujeres portando comida suficiente para satisfacer el hambre de varios días, que engullen plenos de satisfacción, como si hubieran pasado una temporadita en huelga de hambre.
¿Ansiedad? ¿Necesidad de que pase el tiempo? ¿Angurria? Es cierto, luego de un tiempo, si el viaje es algo prolongado, el tránsito es menos denso. Pero entonces, , como la naturaleza sigue "su trámite", el ir y venir se debe a las necesidad fisiológica de expeler los desechos producto de la ingesta. De modo que la dirección es hacia y desde el toilette. "Permiso", dice la señora que se ha sentado del lado de la ventanilla, y nos incrusta la cartera en un ojo. "Con perdón", se disculpa el caballero y nos despierta de un sueñito maravilloso en que nos veíamos liberados del estrés en alguú sitio que nos espera, o de nuestro estado de concentración para pergeñar estrategias laborales.
Y así siguen las cosas hasta que, por fin, llegamos a destino. Y entonces, otra vez la ansiedad generalizada. Todos, TODOS pretenden descender PRIMERO. Hay que bajar YA, no importa si se debe someter al prójimo a empujones y pisotadas, o incluso derribarlo a él y a su equipaje: la avalancha de seres que pugnan por salir del vehículo que, felizmente, ha atracado, aterrizado, estacionado "con felicidad", es de una pujanza inimaginable. Tanta energía sería digna de más sublimes propósitos. Lo gracioso es oír las indicaciones que desde los altavoces se refieren a la necesidad de "permanecer en sus asientos hasta que...". Ni modo de poder recordar la recomendación completa.
Para preservar nuestra integridad física lo mejor es quedarse sentado(a), mirar con displicencia tanto despliegue de fuerza en pugna por "salir", estar alerta por si alguna valija, bolso, cartera, bultos varios, sombrillas o cualquier otro adminículo nos abata de un golpe, y esperar nuestro turno para luego, con el resto de dignidad que nos queda, abandonar el vehículo que, afortunadamente, arribó a destino sin otro contratiempo que los "peligrosos deambuladores" que viajaron con nosotros.
Me queda el consuelo de haber observado, en mi último viaje, durante un largo rato (con toda la discreción que me fue posible) a un señor de "cierta edad", para ser políticamente correcta, adorable él, que luego de sentarse con absoluta tranquilidad, extrajo de su bolso un muy estético termo de acero inoxidable, se sirvió una medida correspondiente a la tapa que hace las veces de recipiente para beber, comió algunas porciones de una tarta prolijamente envuelta en una bonita servilleta y luego, sin mirar siquiera a su alrededor, se dedicó a leer un libro. Tanta serena placidez me provocó envidia, pues ajeno al traqueteo e inmerso en su mundo, realizaba una especie de ritual repetido quién sabe cuántas veces. No lo vi descender. ¿Lo habrá hecho, o sólo estaba allí para enseñarme cómo debe ser el comportamiento durante los viajes?
Pregúntome, pero no sé si podré responderme, a qué se debe esa imperiosa necesidad de desplazarse una vez acomodado el equipaje, o casi, para ir en busca de gaseosas, café, agua mineral, sándwiches, tortas, tartas, empanadas..., según la oferta, a desmesurados precios, o gratuita; y si es gratis ¡peor! (o mejor, depende del punto de vista).
Apenas uno se ha instalado en su asiento, apenas uno se dice "qué bueno, un viajecito relaja, empiezo mis vacaciones" o "tengo un rato para distenderme antes de llegar", cuando se inicia el ir y venir por el(los) pasillo(s) que se convierte(n) en una carretera sumamente transitada y, claro, peligrosa. Bandejas que hacen equilibrio sobre nuestras cabezas; niños que corren llevando un vaso descartable lleno hasta el tope y pasan rozando nuestras personas (ay, qué lindos nenitos que tiene señora!); hombres y mujeres portando comida suficiente para satisfacer el hambre de varios días, que engullen plenos de satisfacción, como si hubieran pasado una temporadita en huelga de hambre.
¿Ansiedad? ¿Necesidad de que pase el tiempo? ¿Angurria? Es cierto, luego de un tiempo, si el viaje es algo prolongado, el tránsito es menos denso. Pero entonces, , como la naturaleza sigue "su trámite", el ir y venir se debe a las necesidad fisiológica de expeler los desechos producto de la ingesta. De modo que la dirección es hacia y desde el toilette. "Permiso", dice la señora que se ha sentado del lado de la ventanilla, y nos incrusta la cartera en un ojo. "Con perdón", se disculpa el caballero y nos despierta de un sueñito maravilloso en que nos veíamos liberados del estrés en alguú sitio que nos espera, o de nuestro estado de concentración para pergeñar estrategias laborales.
Y así siguen las cosas hasta que, por fin, llegamos a destino. Y entonces, otra vez la ansiedad generalizada. Todos, TODOS pretenden descender PRIMERO. Hay que bajar YA, no importa si se debe someter al prójimo a empujones y pisotadas, o incluso derribarlo a él y a su equipaje: la avalancha de seres que pugnan por salir del vehículo que, felizmente, ha atracado, aterrizado, estacionado "con felicidad", es de una pujanza inimaginable. Tanta energía sería digna de más sublimes propósitos. Lo gracioso es oír las indicaciones que desde los altavoces se refieren a la necesidad de "permanecer en sus asientos hasta que...". Ni modo de poder recordar la recomendación completa.
Para preservar nuestra integridad física lo mejor es quedarse sentado(a), mirar con displicencia tanto despliegue de fuerza en pugna por "salir", estar alerta por si alguna valija, bolso, cartera, bultos varios, sombrillas o cualquier otro adminículo nos abata de un golpe, y esperar nuestro turno para luego, con el resto de dignidad que nos queda, abandonar el vehículo que, afortunadamente, arribó a destino sin otro contratiempo que los "peligrosos deambuladores" que viajaron con nosotros.
Me queda el consuelo de haber observado, en mi último viaje, durante un largo rato (con toda la discreción que me fue posible) a un señor de "cierta edad", para ser políticamente correcta, adorable él, que luego de sentarse con absoluta tranquilidad, extrajo de su bolso un muy estético termo de acero inoxidable, se sirvió una medida correspondiente a la tapa que hace las veces de recipiente para beber, comió algunas porciones de una tarta prolijamente envuelta en una bonita servilleta y luego, sin mirar siquiera a su alrededor, se dedicó a leer un libro. Tanta serena placidez me provocó envidia, pues ajeno al traqueteo e inmerso en su mundo, realizaba una especie de ritual repetido quién sabe cuántas veces. No lo vi descender. ¿Lo habrá hecho, o sólo estaba allí para enseñarme cómo debe ser el comportamiento durante los viajes?
17.1.05
Derecho de piso
Debe ser éste uno de los derechos más mentados de este mundo. Y un concepto que deviene una suerte de "conformismo" ante la adversa fortuna de padecer jefes, subjefes y otros mandamases que en el mundo son y han sido.
Sin embargo, se sigue adelante con la ilusión de que algún día el saldo quedará en cero y ya no habrá deudas. Entonces, uno dejará de pagar "derecho de piso" porque ya lo habrá adquirido con el sudor de su frente y, vamos, rompiéndose el culo o soportando las patadas en el ídem recibidas. Cuenta saldada, el piso es mío, puedo caminar por él sin pagar nada.
Uno empieza ese camino a veces duramente. Por ejemplo, en el primer empleo. Es tan fácil embromar al recién llegado.
Recuerdo lo que hacían en el banco donde tuve mi primera experimenté mi primera "relación de dependencia". Y sé que era y sigue siendo práctica común.
El novato que todo modosito trataba de hacer buena letra y, peor, el que se hacía el piola para demostrar que valía, era sometido a una rutina de esas que Arlt supo discursear como pocos.
--Fulano(a), andá a pedir los sobres redondos para las circulares internas.
Ante la orden ¿quién tiene lucidez para discernir el dislate? Y si lo discierne, ¿quién se le animaba al "superior en jerarquía". Y allí se pagaba la primera cuota del derecho de piso. Otra:
--Che (puede que hubiera pasado a la categoría "de confianza") decile a Zutano que te dé la caja de tildes (como se sabe, uno pone "tildes" junto a las cifras ya verificadas en un los cálculos contables).
A mí, que era incapaz de abrir la boca y me pasé un largo mes o más aprendiendo a contar los fajos de billetes en la tesorería del Banco Federal, propiedad de Eurnekian, me enviaron a buscar "tinta Pelikán" o algo por el estilo. Yo fui, desde luego, donde me mandaron. Y el que me envío, flor de hijo de puta, sabía que no yo no jodía a nadie. Me acuerdo de los ojos del "jefe" (bueh, en la categorización bancaria había todo tipo de escalafón) descubrí que algo raro pasaba, pues en esa mirada había un poco de "y bueno, otra que debe pagar derecho de piso, ta bien" pero además algo de compasión por mi persona, como si hubiera pensado "Mirá este boludo con quién se mete". Como si fuera ahora mismo, siento cómo me miró a mí y, casi instantáneamente, al victimario. Que seguro había sido víctima y era un paria como yo, pero con mayor antigüedad. No fuera cuestión de que alguien se quedara sin pagar derecho de piso. Después, no mucho, supe cómo se le llama a esa gente..., son los cipayos, los bastardos, los mal nacidos, los capaces de la delación. Reverendos hijos de puta que gozan viendo en el otro la propia humillación...
Y a cuento de qué ese relato. Pues el otro día mi actual superjefe me pidió que preguntara algo relacionado con mi actividad laboral. Si leen mi perfil sabrán que edito libros. Se supone que me encargo de lo relacionado con lo textual, con todo lo relacionado con el texto , pero no con cuestiones técnicas como gramaje del papel, pliegos y asuntos de imprenta. Sé que debo conocer y saber, aunque no es mi absoluta incumbencia.
Sin embargo, otra vez, sentí lo mismo cuando el superjefe me recomendó:
--Por favor, pregúntele a XX si hay problemas con el 88-112 si usamos ese formato (se refería al tamaño del libro).
En ese preciso instante supe que iba a quedar como una boluda; así que con mi mejor sonrisa le pregunté a XX qué era el 88-112 y tuvo la gentileza de decírmelo: es el tamaño de la plancha de papel, 88 x 112 cm. Sin embargo, la sensación de que sigo pagando derecho de piso no se apartó desde entonces de mi pensamiento. Porque, vamos, si él maneja todos los hilos y pretende saberlo todo y tomar la última decisión hasta del subtítulo de un capítulo, bien podía preguntarlo él mismo. Simplemente, una cuota más de derecho de piso.
Por suerte, pude contarle a XX mi sensación; me entendió porque él tambien aporta habitualmente a la caja "derechos de piso". Y me contó lo siguiente: a un aprendiz recién llegado a la imprenta donde trabajaba, muy engreído el muchacho y que se las daba de sabelotodo (bueno, eso es lo que XX dijo), le pidieron esto
--Andá a buscar una piedra para afilar pinceles.
El pibe regresó muy contento (supongo que los años lo habrán hecho consciente y volverá a hacer lo que le manden, pero a sabiendas de que lo forrean) con un adoquín en el bolso, y sofocado pero contento, les comunicó:
--Aquí tienen lo que pidieron...
Es lo que digo, el trabajo, definitivamente, no es salud y, mucho menos, dignifica...
Sin embargo, se sigue adelante con la ilusión de que algún día el saldo quedará en cero y ya no habrá deudas. Entonces, uno dejará de pagar "derecho de piso" porque ya lo habrá adquirido con el sudor de su frente y, vamos, rompiéndose el culo o soportando las patadas en el ídem recibidas. Cuenta saldada, el piso es mío, puedo caminar por él sin pagar nada.
Uno empieza ese camino a veces duramente. Por ejemplo, en el primer empleo. Es tan fácil embromar al recién llegado.
Recuerdo lo que hacían en el banco donde tuve mi primera experimenté mi primera "relación de dependencia". Y sé que era y sigue siendo práctica común.
El novato que todo modosito trataba de hacer buena letra y, peor, el que se hacía el piola para demostrar que valía, era sometido a una rutina de esas que Arlt supo discursear como pocos.
--Fulano(a), andá a pedir los sobres redondos para las circulares internas.
Ante la orden ¿quién tiene lucidez para discernir el dislate? Y si lo discierne, ¿quién se le animaba al "superior en jerarquía". Y allí se pagaba la primera cuota del derecho de piso. Otra:
--Che (puede que hubiera pasado a la categoría "de confianza") decile a Zutano que te dé la caja de tildes (como se sabe, uno pone "tildes" junto a las cifras ya verificadas en un los cálculos contables).
A mí, que era incapaz de abrir la boca y me pasé un largo mes o más aprendiendo a contar los fajos de billetes en la tesorería del Banco Federal, propiedad de Eurnekian, me enviaron a buscar "tinta Pelikán" o algo por el estilo. Yo fui, desde luego, donde me mandaron. Y el que me envío, flor de hijo de puta, sabía que no yo no jodía a nadie. Me acuerdo de los ojos del "jefe" (bueh, en la categorización bancaria había todo tipo de escalafón) descubrí que algo raro pasaba, pues en esa mirada había un poco de "y bueno, otra que debe pagar derecho de piso, ta bien" pero además algo de compasión por mi persona, como si hubiera pensado "Mirá este boludo con quién se mete". Como si fuera ahora mismo, siento cómo me miró a mí y, casi instantáneamente, al victimario. Que seguro había sido víctima y era un paria como yo, pero con mayor antigüedad. No fuera cuestión de que alguien se quedara sin pagar derecho de piso. Después, no mucho, supe cómo se le llama a esa gente..., son los cipayos, los bastardos, los mal nacidos, los capaces de la delación. Reverendos hijos de puta que gozan viendo en el otro la propia humillación...
Y a cuento de qué ese relato. Pues el otro día mi actual superjefe me pidió que preguntara algo relacionado con mi actividad laboral. Si leen mi perfil sabrán que edito libros. Se supone que me encargo de lo relacionado con lo textual, con todo lo relacionado con el texto , pero no con cuestiones técnicas como gramaje del papel, pliegos y asuntos de imprenta. Sé que debo conocer y saber, aunque no es mi absoluta incumbencia.
Sin embargo, otra vez, sentí lo mismo cuando el superjefe me recomendó:
--Por favor, pregúntele a XX si hay problemas con el 88-112 si usamos ese formato (se refería al tamaño del libro).
En ese preciso instante supe que iba a quedar como una boluda; así que con mi mejor sonrisa le pregunté a XX qué era el 88-112 y tuvo la gentileza de decírmelo: es el tamaño de la plancha de papel, 88 x 112 cm. Sin embargo, la sensación de que sigo pagando derecho de piso no se apartó desde entonces de mi pensamiento. Porque, vamos, si él maneja todos los hilos y pretende saberlo todo y tomar la última decisión hasta del subtítulo de un capítulo, bien podía preguntarlo él mismo. Simplemente, una cuota más de derecho de piso.
Por suerte, pude contarle a XX mi sensación; me entendió porque él tambien aporta habitualmente a la caja "derechos de piso". Y me contó lo siguiente: a un aprendiz recién llegado a la imprenta donde trabajaba, muy engreído el muchacho y que se las daba de sabelotodo (bueno, eso es lo que XX dijo), le pidieron esto
--Andá a buscar una piedra para afilar pinceles.
El pibe regresó muy contento (supongo que los años lo habrán hecho consciente y volverá a hacer lo que le manden, pero a sabiendas de que lo forrean) con un adoquín en el bolso, y sofocado pero contento, les comunicó:
--Aquí tienen lo que pidieron...
Es lo que digo, el trabajo, definitivamente, no es salud y, mucho menos, dignifica...
De nuevo en Argentina
Tiemblen, posmodernos, en abril vuelve SILVIO.
El "reparador de sueños" y "aprendiz de brujo", contumaz amigo de la Revolución, se presenta para cantar a precios no muy accesibles. Pero él, que conoce bien el paño, sabe que quien "paga por ver" no es precisamente del "pueblo te saluda". Pero bueno, que se reúna la multitud pequeñoburguesa psicobolche a festejar. Ahorraremos unos dinerillos que luego tendrán buen destino... Si él dice "muero como viví"... y parece cierto, digo yo, ¿le gustará a David Viñas? Porque éste sí que siempre baja del caballo por el mismo lado en que lo montó...
El "reparador de sueños" y "aprendiz de brujo", contumaz amigo de la Revolución, se presenta para cantar a precios no muy accesibles. Pero él, que conoce bien el paño, sabe que quien "paga por ver" no es precisamente del "pueblo te saluda". Pero bueno, que se reúna la multitud pequeñoburguesa psicobolche a festejar. Ahorraremos unos dinerillos que luego tendrán buen destino... Si él dice "muero como viví"... y parece cierto, digo yo, ¿le gustará a David Viñas? Porque éste sí que siempre baja del caballo por el mismo lado en que lo montó...
24.11.04
Yo también me lo pregunto...
Joaquín Sabina, en entrevista de radio Mitre (ver http://www.clarin.com/) interroga a Jorge Lanata a propósito de la muerte de Adolfo Castelo con una frase que aniquila el (falso) consuelo: «Por qué los hijos de puta son longevos».
Eso, por qué...
Eso, por qué...
5.11.04
My country, right or wrong
En un libro cuya traducción he tenido el placer de supervisar y acabo de editar para el sello SAGA Ediciones, de México, llamado El poder de la emoción, de Michael Sky, el autor dice lo siguiente, que llamativamente se relaciona con las elecciones en los Estados Unidos:
Todos los virus del nacionalismo, el patriotismo y el unilateralismo, en mayor o menos grado, giran en torno de la idea de “mi país, con razón o sin ella”* y über alles)**. El virus de la xenofobia postula que debemos apartarnos de todos los extranjeros y los forasteros y luchar contra ellos. El virus de la homofobia contiene la misma idea, concentrada específicamente en los homosexuales. El virus de la competición infecta con la idea de que, en la vida, el éxito proviene sólo de ganarle a los otros.
Los asteriscos señalan las notas que agregué para comprender mejor a qué se refería el autor. El primero explica la frase, en inglés, que es la del título del post, “my country, right or wrong”.
Dice la nota de edición:
El origen de esta expresión puede hallarse, por un lado, en las palabras de Stephen Decatur, oficial naval estadounidense, para un brindis realizado en abril de 1816 con motivo de celebrar la victoria de su armada sobre los piratas: “Our country! In her intercourse with foreign nations, may she always be in the right; but our country, right or wrong.”(¡Nuestro país! En el intercambio con naciones extranjeras, puede que tenga siempre razón; pero, con razón o sin ella, es nuestro país.”), y en las dichas por el senador Carl Schurz el 29 de febrero de 1872, en el recinto del Senado de los Estados Unidos: “My country; and my country is the great American Republic. My country, right or wrong; if right, to be kept right; and if wrong, to be set right.” (Mi país; y mi país es la gran República Americana. Mi país, en lo cierto o equivocado; si está en lo cierto, para que se conserve así; si está equivocado, para se lo corrija.”). Durante muchos años hasta la actualidad, para los estadounidenses, la frase “my country right or wrong” tiene connotaciones de fuerte nacionalismo o patriotismo.
Precisamente, pensaba cuánto hay de ese exacerbado nacionalismo y de un patriotismo mal orientado, de ese sentimiento de estar por encima (casi émulo del fatídico uber alles alemán), de la instauración de la idea de raza superior en la manifestación reciente de lo que se llama “voto popular”. Justamente, en mis búsquedas, descubrí que la frase la conocen bien los jóvenes y se sacó a relucir durante ¡la guerra de Vietnam! Es que expresa muy bien la idea de que nada importa, si mi país (o mi presidente) lo deciden, bien hecho está y yo lo apoyo. ¿Niños, mujeres, hombres (de otros países, no los nuestros, eh, que los nuestros no se tocan) heridos, despedazados, torturados; exterminio, hambre, corrupción, rapiña, intereses espurios, napalm? My country, right or wrong…
Pobre mundo con este “amo” feroz. Porque convengamos que, ahora, Bush siente el respaldo de su pueblo y entonces tiene los superpoderes. Superbush, el mundo es tuyo. Parece, nomás, que los estadounidenses quieren la guerra, la discriminación, el imperialismo, los sombreros texanos, las botas y las pistolas, y la ley de Lynch para el que se oponga.
Todos los virus del nacionalismo, el patriotismo y el unilateralismo, en mayor o menos grado, giran en torno de la idea de “mi país, con razón o sin ella”* y über alles)**. El virus de la xenofobia postula que debemos apartarnos de todos los extranjeros y los forasteros y luchar contra ellos. El virus de la homofobia contiene la misma idea, concentrada específicamente en los homosexuales. El virus de la competición infecta con la idea de que, en la vida, el éxito proviene sólo de ganarle a los otros.
Los asteriscos señalan las notas que agregué para comprender mejor a qué se refería el autor. El primero explica la frase, en inglés, que es la del título del post, “my country, right or wrong”.
Dice la nota de edición:
El origen de esta expresión puede hallarse, por un lado, en las palabras de Stephen Decatur, oficial naval estadounidense, para un brindis realizado en abril de 1816 con motivo de celebrar la victoria de su armada sobre los piratas: “Our country! In her intercourse with foreign nations, may she always be in the right; but our country, right or wrong.”(¡Nuestro país! En el intercambio con naciones extranjeras, puede que tenga siempre razón; pero, con razón o sin ella, es nuestro país.”), y en las dichas por el senador Carl Schurz el 29 de febrero de 1872, en el recinto del Senado de los Estados Unidos: “My country; and my country is the great American Republic. My country, right or wrong; if right, to be kept right; and if wrong, to be set right.” (Mi país; y mi país es la gran República Americana. Mi país, en lo cierto o equivocado; si está en lo cierto, para que se conserve así; si está equivocado, para se lo corrija.”). Durante muchos años hasta la actualidad, para los estadounidenses, la frase “my country right or wrong” tiene connotaciones de fuerte nacionalismo o patriotismo.
Precisamente, pensaba cuánto hay de ese exacerbado nacionalismo y de un patriotismo mal orientado, de ese sentimiento de estar por encima (casi émulo del fatídico uber alles alemán), de la instauración de la idea de raza superior en la manifestación reciente de lo que se llama “voto popular”. Justamente, en mis búsquedas, descubrí que la frase la conocen bien los jóvenes y se sacó a relucir durante ¡la guerra de Vietnam! Es que expresa muy bien la idea de que nada importa, si mi país (o mi presidente) lo deciden, bien hecho está y yo lo apoyo. ¿Niños, mujeres, hombres (de otros países, no los nuestros, eh, que los nuestros no se tocan) heridos, despedazados, torturados; exterminio, hambre, corrupción, rapiña, intereses espurios, napalm? My country, right or wrong…
Pobre mundo con este “amo” feroz. Porque convengamos que, ahora, Bush siente el respaldo de su pueblo y entonces tiene los superpoderes. Superbush, el mundo es tuyo. Parece, nomás, que los estadounidenses quieren la guerra, la discriminación, el imperialismo, los sombreros texanos, las botas y las pistolas, y la ley de Lynch para el que se oponga.
26.10.04
Ese enigma llamado Perón
El testimonio de Martín Caparrós para Cazadores de utopías refiere, simple y desgarradoramente, lo que significaba para los jóvenes de los setenta sostener una militancia mediatizada por la figura de un hombre que siempre se nos escapa al análisis. El peronismo ha sido y será un enigma traumático. Vaya novedad...
Perón era algo que uno tenía que soportar; porque, además, siempre fue así.
Siempre estaba semicagándote, y había que encontrarle la vuelta para explicarle a todo el mundo que lo que había querido darte era una palmada en la espalda cuando, en realidad, lo que te había dado era una terrible patada en el orto.
Gracias por la lucidez, Martín. Generación jodida, la nuestra.
Perón era algo que uno tenía que soportar; porque, además, siempre fue así.
Siempre estaba semicagándote, y había que encontrarle la vuelta para explicarle a todo el mundo que lo que había querido darte era una palmada en la espalda cuando, en realidad, lo que te había dado era una terrible patada en el orto.
Gracias por la lucidez, Martín. Generación jodida, la nuestra.
25.10.04
Amadeus...
Ragdoll, macho, bicolor blue.
Así dice algo que llaman pedigrí. Tenía una falla en el color y por eso, era impresentable en los shows o para criar. Eso dijeron los expertos.
Para nosotros, era una nube blanca y mullida, una expresión soñadora que surgía de sus ojazos azules, un torbellino de dulzura, una manifestación de la belleza que a veces ofrece la vida.
Apenas había cumplido dos años con nosotros, pero tropezó con un destino cruel. Se lo llevó, pese a su obstinación por seguir viviendo, una enfermedad que lo venció, pero de pie, tratando de escapar de ella. Nunca se rindió, si eso sirve de algo.
Me dejó un vacío infinito, la sensación de que se me escapa lo que más amo, silencio, ausencia de él, pura ausencia.
No perdono a la muerte enamorada
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
Menos mal que existen los que sienten como uno y lo dicen mejor, muchísimo mejor, inmejorablemente mejor.
Gracias, Miguel Hernández, que antes de saber cuál sería tu final, te rebelaste a la desgracia. Me hacían falta tus palabras.
Chau, Amadeus, Amadeusis, Amadeusín... Cantaré tu nombre con la música de Edelweiss, que no sé si te gustaba, pero nunca me dijiste lo contrario.
Así dice algo que llaman pedigrí. Tenía una falla en el color y por eso, era impresentable en los shows o para criar. Eso dijeron los expertos.
Para nosotros, era una nube blanca y mullida, una expresión soñadora que surgía de sus ojazos azules, un torbellino de dulzura, una manifestación de la belleza que a veces ofrece la vida.
Apenas había cumplido dos años con nosotros, pero tropezó con un destino cruel. Se lo llevó, pese a su obstinación por seguir viviendo, una enfermedad que lo venció, pero de pie, tratando de escapar de ella. Nunca se rindió, si eso sirve de algo.
Me dejó un vacío infinito, la sensación de que se me escapa lo que más amo, silencio, ausencia de él, pura ausencia.
No perdono a la muerte enamorada
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
Menos mal que existen los que sienten como uno y lo dicen mejor, muchísimo mejor, inmejorablemente mejor.
Gracias, Miguel Hernández, que antes de saber cuál sería tu final, te rebelaste a la desgracia. Me hacían falta tus palabras.
Chau, Amadeus, Amadeusis, Amadeusín... Cantaré tu nombre con la música de Edelweiss, que no sé si te gustaba, pero nunca me dijiste lo contrario.
18.10.04
Contra el destino...
“A veces pienso que no hay suficiente piedras”, dice Forrest Gump frente a la casa de su amada ¿Jenny?, a quien ayudaba en la tarea de intentar destruir un pasado pavoroso.
Yo lo traduciría por “no hay piedras que alcancen”: por muchas pedradas contra ese monstruo indomable que es el destino, como dice el tango, nadie la talla. Cómo parar esos “golpes en la vida, tan fuertes…, yo no sé”, de los que Vallejo sabía y cuánto.
Lo único que queda, después de ese acto casi irracional, es el cansancio infinito y el paupérrimo consuelo de que “se hizo lo que se pudo”, lo cual sabe a mierda.
Yo lo traduciría por “no hay piedras que alcancen”: por muchas pedradas contra ese monstruo indomable que es el destino, como dice el tango, nadie la talla. Cómo parar esos “golpes en la vida, tan fuertes…, yo no sé”, de los que Vallejo sabía y cuánto.
Lo único que queda, después de ese acto casi irracional, es el cansancio infinito y el paupérrimo consuelo de que “se hizo lo que se pudo”, lo cual sabe a mierda.
20.8.04
Lenguaje y comunicación
Me he enterado de que Noam Chomsky suele (o solía) decir al finalizar su clase:
"Well, language is not designed for communication..."
Y, en verdad, con los problemas de las definiciones de uso o canónicas, los calcos, los préstamos, los lectos, la resemantización y otras yerbas, es para pensárselo.
¿Qué era eso que vale por mil palabras?
Ah, muy bueno volver a los fuegos... A todos los fuegos...
"Well, language is not designed for communication..."
Y, en verdad, con los problemas de las definiciones de uso o canónicas, los calcos, los préstamos, los lectos, la resemantización y otras yerbas, es para pensárselo.
¿Qué era eso que vale por mil palabras?
Ah, muy bueno volver a los fuegos... A todos los fuegos...
24.7.04
Silvio (también) sinfónico
En la Plaza de la Revolución, un obcecado Silvio Rodríguez sigue siendo él mismo, y por eso nos sorprende cada vez. Esta, en un concierto con orquesta sinfónica dirigida por Leo Brower, como clausura del Primer Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas del país (es decir, Cuba, claro).
Y el necio, el reparador de sueños, el aprendiz de brujo (vaya con la casualidad) recordó al amigo de la Revolución que se fue, pero cuyo "polvo enamorado" se esparcirá por la isla que resiste...
Grande, Silvio.
Y el necio, el reparador de sueños, el aprendiz de brujo (vaya con la casualidad) recordó al amigo de la Revolución que se fue, pero cuyo "polvo enamorado" se esparcirá por la isla que resiste...
Grande, Silvio.
23.7.04
Antonio Gades, ese gallo de riña
Hubiera querido escribir sobre él, pero la emoción hace mala yunta con la buena literatura (que, en este caso, era "simplemente" encontrar algunas palabras adecuadas).
Por suerte, Susana Viau, en Página/12, hoy dijo lo suyo, con excepcional estilo. Se lo agradezco sinceramente: http://www.pagina12web.com.ar/diario/contratapa/13-38607.html?PHPSESSID=311d36bc39df9fa2ac22739b6b8fd5e7
En otro blog, quizá consiga evocar la figura del maravilloso bailarín, un talento de la danza que no le escatimaba pasión del flamenco, pero lo depuraba del kitch o de la exageradas mañas for export.
Ahora, sólo quiero recordar que Antonio no levantaba una molécula de polvo cuando hacía estallar las tablas del escenario con sus pasos inigualables, sin un gesto de más, porque lo suyo le nacía de las entrañas pero pasaba por el tamiz de su intelecto. Conjunción que impedía la artificiosidad efectista y convocaba la magia, la verdadera magia.
Gracias por tu fuego, Antonio Gades, que seguiste siendo, como te gustaba decirlo "de izquierdísima" y nunca, como cuenta David Viñas que denunciaba Arturo Jauretche, te subiste a un caballo por ese lado para desmontar por la derecha. Y si ahora decir "izquierda" o "derecha" parece que no significa nada (gracias a los desemantizadores mediáticos), que se lea bien la declaración de principios que encierra esa frase.
Por suerte, Susana Viau, en Página/12, hoy dijo lo suyo, con excepcional estilo. Se lo agradezco sinceramente: http://www.pagina12web.com.ar/diario/contratapa/13-38607.html?PHPSESSID=311d36bc39df9fa2ac22739b6b8fd5e7
En otro blog, quizá consiga evocar la figura del maravilloso bailarín, un talento de la danza que no le escatimaba pasión del flamenco, pero lo depuraba del kitch o de la exageradas mañas for export.
Ahora, sólo quiero recordar que Antonio no levantaba una molécula de polvo cuando hacía estallar las tablas del escenario con sus pasos inigualables, sin un gesto de más, porque lo suyo le nacía de las entrañas pero pasaba por el tamiz de su intelecto. Conjunción que impedía la artificiosidad efectista y convocaba la magia, la verdadera magia.
Gracias por tu fuego, Antonio Gades, que seguiste siendo, como te gustaba decirlo "de izquierdísima" y nunca, como cuenta David Viñas que denunciaba Arturo Jauretche, te subiste a un caballo por ese lado para desmontar por la derecha. Y si ahora decir "izquierda" o "derecha" parece que no significa nada (gracias a los desemantizadores mediáticos), que se lea bien la declaración de principios que encierra esa frase.
3.7.04
Disculpe el señor
La pucha que están molestando estos piqueteros. Si serán: cortan rutas, se le atreven a la policía cuando les matan los dirigentes. No dejan vivir.
Los "tafaxistas" de Buenos Aires, fieles escuchantes de Radio 10, se indignan: así no se puede laburar. ¿Qué hacen estos tipos? Nada, viven de nosotros, que pagamos los impuestos para que ellos cobren los subsidios. Si estos no quieren saber nada de trabajo...
¿Y la clase media? ¿Cómo era? ¡Cacerolas, piqueteros...? ¿Piqueteros, cacerolas...? Sabés que no me acuerdo...
A la timorata clase media, poco habituada a calzarse ad hoc para fintearle a la montada, no le pareció mal "unirse" al pueblo trabajador, porque había quedado con los bolsillos sin un cobre, esquilmada por el sistema capitalista que supo conquistar. Entonces, los piqueteros eran (casi) "como uno", la lucha era la misma, todos hechos bosta por el Estado posfordista...
Pero ahora que se reacomodó --aunque sea a costa de comprar segundas y terceras marcas--, y hasta logró conservar la heladera con freezer, el auto, las salidas de los fines de semana largos y las vacaciones (haciendo patria, of course, que ya no hay uno a uno), ahora, a doña Clasemedia, estos pobres que se ideologizan, se politizan y se movilizan..., vamos, se hacen notar, no le gustan nada. Nada. ¿Cómo era eso de "cacerolas, piqueteros..."? No, no me acuerdo, ¿me hablás a mí?
Y cada vez hay más. Son muchos, che, son muchos... Algo hay que hacer, che. ¿No hay justicia? ¿Y mis derechos humanos? ¿Por qué no protestan civilizadamente? ¡Una fuerza de seguridad aquí!
Quelevachaché. "Como decía un catalán"...:
Disculpe el señor,
se nos llenó de pobres el recibidor
y no paran de llegar,
(...)
Y como el señor dice que salió
y tratándose de una urgencia,
me han pedido que les indique yo
por dónde se va a la despensa,
y que Dios se lo pagará.
¿Me da las llaves o los echo? Usted verá
que mientras estamos hablando
llegan más y más pobres y siguen llegando.
¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise
si tienen en regla sus papeles de pobre...?
¿O mejor les digo como el señor dice:
"Bien me quieres, bien te quiero,
no me toques el dinero...?"
Disculpe el señor
pero este asunto va de mal en peor.
Vienen a millones y
curiosamente, vienen todos hacia aquí.
Traté de contenerles pero ya ve,
han dado con su paradero.
Estos son los pobres de los que le hablé...
Le dejo con los caballeros.
(...)
Si me necesita, llame...
Que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.
(La canción del Nano, completa, está en Cancionero de Trovadores.)
Los "tafaxistas" de Buenos Aires, fieles escuchantes de Radio 10, se indignan: así no se puede laburar. ¿Qué hacen estos tipos? Nada, viven de nosotros, que pagamos los impuestos para que ellos cobren los subsidios. Si estos no quieren saber nada de trabajo...
¿Y la clase media? ¿Cómo era? ¡Cacerolas, piqueteros...? ¿Piqueteros, cacerolas...? Sabés que no me acuerdo...
A la timorata clase media, poco habituada a calzarse ad hoc para fintearle a la montada, no le pareció mal "unirse" al pueblo trabajador, porque había quedado con los bolsillos sin un cobre, esquilmada por el sistema capitalista que supo conquistar. Entonces, los piqueteros eran (casi) "como uno", la lucha era la misma, todos hechos bosta por el Estado posfordista...
Pero ahora que se reacomodó --aunque sea a costa de comprar segundas y terceras marcas--, y hasta logró conservar la heladera con freezer, el auto, las salidas de los fines de semana largos y las vacaciones (haciendo patria, of course, que ya no hay uno a uno), ahora, a doña Clasemedia, estos pobres que se ideologizan, se politizan y se movilizan..., vamos, se hacen notar, no le gustan nada. Nada. ¿Cómo era eso de "cacerolas, piqueteros..."? No, no me acuerdo, ¿me hablás a mí?
Y cada vez hay más. Son muchos, che, son muchos... Algo hay que hacer, che. ¿No hay justicia? ¿Y mis derechos humanos? ¿Por qué no protestan civilizadamente? ¡Una fuerza de seguridad aquí!
Quelevachaché. "Como decía un catalán"...:
Disculpe el señor,
se nos llenó de pobres el recibidor
y no paran de llegar,
(...)
Y como el señor dice que salió
y tratándose de una urgencia,
me han pedido que les indique yo
por dónde se va a la despensa,
y que Dios se lo pagará.
¿Me da las llaves o los echo? Usted verá
que mientras estamos hablando
llegan más y más pobres y siguen llegando.
¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise
si tienen en regla sus papeles de pobre...?
¿O mejor les digo como el señor dice:
"Bien me quieres, bien te quiero,
no me toques el dinero...?"
Disculpe el señor
pero este asunto va de mal en peor.
Vienen a millones y
curiosamente, vienen todos hacia aquí.
Traté de contenerles pero ya ve,
han dado con su paradero.
Estos son los pobres de los que le hablé...
Le dejo con los caballeros.
(...)
Si me necesita, llame...
Que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.
(La canción del Nano, completa, está en Cancionero de Trovadores.)
28.6.04
La utopía del Nunca Más
Hace muchos años, en 1983 (creo), cuando la euforia de la democracia lograda de chiripa, porque no la "supimos conseguir", Quilapayún volvió --negras las vestiduras de duelo por su Chile--a cantar en Buenos Aires.
Al margen de que durante el concierto sentí el impulso de asestar un golpe a mi vecino de butaca --un muchachito que, evidentemente recién iniciado en la militancia, coreaba con euforia insoportable--, fue maravilloso volver a oír los cantos que traían ecos de tiempos en que muchos pensábamos que sí se podía cambiar el mundo, que "la era esta(ba) pariendo un corazón", que "menos mal que existen", aunque sabíendo "qué dirá el Santo Padre".
Los Quila no querían hacerlo, pero como el "pueblo" pedía que le dijeran que "unido no será vencido", concedieron y lo cantaron. Todos nos sentimos mejor, como recuperados... Comprensible sed de ayer, donde quedaron las promesas de un futuro que no fue porque la vida se convirtió en un insoportable presente en el que había que sobrevivir, "encerrados en un ropero", con culpa por seguir vivos "en medio de tantos muertos"...
Y llegó el final. Y empezamos a abandonar el teatro. Y entonces se recordó que había que seguir pidiendo: "a los compañeros, la libertad...". Porque quedaban presos "políticos" (con perdón de los ciudadanos que no se mezclan en política) en la democracia recuperada (parlamentaria y liberal ella).
Por un momento, cruzamos cómplices miradas. El hombre, joven, una generación más que yo, lo dijo como para no despejar dudas: "En este país siempre vamos a tener que pedir por alguien...".
Yo seguí mirándolo a él y a la multidud de voces que descendían las escaleras, estallaban en el hall del teatro, salían a las calles y se tropezaban con la noche.
Sí, hermano, sí. En este país hay que seguir pidiendo por la libertad de alguno. O puteando por la muerte de otro. En definitiva, exigiendo que nunca más, nunca más...
Utópico nunca más...
Como Santillán y Kosteki, y todos los caídos que ningún medio ni medio pelo llamaría "ciudadanos", Martín El Oso Cisneros, ¡presente!
Al margen de que durante el concierto sentí el impulso de asestar un golpe a mi vecino de butaca --un muchachito que, evidentemente recién iniciado en la militancia, coreaba con euforia insoportable--, fue maravilloso volver a oír los cantos que traían ecos de tiempos en que muchos pensábamos que sí se podía cambiar el mundo, que "la era esta(ba) pariendo un corazón", que "menos mal que existen", aunque sabíendo "qué dirá el Santo Padre".
Los Quila no querían hacerlo, pero como el "pueblo" pedía que le dijeran que "unido no será vencido", concedieron y lo cantaron. Todos nos sentimos mejor, como recuperados... Comprensible sed de ayer, donde quedaron las promesas de un futuro que no fue porque la vida se convirtió en un insoportable presente en el que había que sobrevivir, "encerrados en un ropero", con culpa por seguir vivos "en medio de tantos muertos"...
Y llegó el final. Y empezamos a abandonar el teatro. Y entonces se recordó que había que seguir pidiendo: "a los compañeros, la libertad...". Porque quedaban presos "políticos" (con perdón de los ciudadanos que no se mezclan en política) en la democracia recuperada (parlamentaria y liberal ella).
Por un momento, cruzamos cómplices miradas. El hombre, joven, una generación más que yo, lo dijo como para no despejar dudas: "En este país siempre vamos a tener que pedir por alguien...".
Yo seguí mirándolo a él y a la multidud de voces que descendían las escaleras, estallaban en el hall del teatro, salían a las calles y se tropezaban con la noche.
Sí, hermano, sí. En este país hay que seguir pidiendo por la libertad de alguno. O puteando por la muerte de otro. En definitiva, exigiendo que nunca más, nunca más...
Utópico nunca más...
Como Santillán y Kosteki, y todos los caídos que ningún medio ni medio pelo llamaría "ciudadanos", Martín El Oso Cisneros, ¡presente!
19.6.04
Yo no quiero morirme en un socavón
Mientras leía acerca de los mineros muertos en la mina de carbón de Río Turbio y miraba las imágenes que, "en vivo y en directo", transmitían pormenores de "la tragedia", pensaba cuánto más "dice" de la realidad la ficción literaria. Y mucho mejor cuando se logra ese "punto justo" con el género de no ficción (denominación paradójica si las hay) que, en la Argentina, inauguró Rodolfo Walsh, anticipándose unos años al New Periodism... Pero ahí hay leña para el fuego de otro post.
En los cuentos de Sub terra, del chileno Baldomero Lillo, se reproduce, con increíble y casi insoportable crudeza, la vida en las minas. El gran protagonista es el ese espacio infernal en las profundidades de la tierra, que se devora jóvenes vidas. Como la del niño de "La compuerta número doce":
Pablo se aferró instintivamente a las piernas de su padre. Zumbábanle los oídos y el piso que huía debajo de sus pies le producía una extraña sensación de angustia. Creíase precipitado en aquel agujero cuya negra abertura había entrevisto al penetrar en la jaula, y sus grandes ojos miraban con espanto las lóbregas paredes del pozo en el que se hundían con vertiginosa rapidez. En aquel silencioso descenso sin trepidación ni más ruido que el del agua goteando sobre la techumbre de hierro las luces de las lámparas parecían prontas a extinguirse y a sus débiles destellos se delineaban vagamente en la penumbra las hendiduras y partes salientes de la roca; una serie interminable de negras sombras que volaban como saetas hacia lo alto.
Pasado un minuto, la velocidad disminuyó bruscamente, los pies asentáronse con más solidez en el piso fugitivo y el pesado armazón de hierro, con un áspero rechinar de goznes y de cadenas, quedó inmóvil a la entrada de la galería.
El viejo tomó de la mano al pequeño y juntos se internaron en el negro túnel. Eran de los primeros en llegar y el movimiento de la mina no empezaba aún. De la galería bastante alta para permitir al minero erguir su elevada talla, sólo se distinguía parte de la techumbre cruzada por gruesos maderos. Las paredes laterales permanecían invisibles en la oscuridad profunda que llenaba la vasta y lóbrega excavación. (...)
Quienes se interesen por la obra de este escritor chileno obtendrán muy buena información en el Centro Virtual Cervantes.
Mi tributo a los trabajadores que, cada día, van a buscar su amargo destino en las entrañas de la tierra. Y aunque mi amo me mate / a la mina no voy. /Yo no quiero morirme / en un socavón... Que suene el canto lúgubre de los negros esclavos, camino al socavón.
En los cuentos de Sub terra, del chileno Baldomero Lillo, se reproduce, con increíble y casi insoportable crudeza, la vida en las minas. El gran protagonista es el ese espacio infernal en las profundidades de la tierra, que se devora jóvenes vidas. Como la del niño de "La compuerta número doce":
Pablo se aferró instintivamente a las piernas de su padre. Zumbábanle los oídos y el piso que huía debajo de sus pies le producía una extraña sensación de angustia. Creíase precipitado en aquel agujero cuya negra abertura había entrevisto al penetrar en la jaula, y sus grandes ojos miraban con espanto las lóbregas paredes del pozo en el que se hundían con vertiginosa rapidez. En aquel silencioso descenso sin trepidación ni más ruido que el del agua goteando sobre la techumbre de hierro las luces de las lámparas parecían prontas a extinguirse y a sus débiles destellos se delineaban vagamente en la penumbra las hendiduras y partes salientes de la roca; una serie interminable de negras sombras que volaban como saetas hacia lo alto.
Pasado un minuto, la velocidad disminuyó bruscamente, los pies asentáronse con más solidez en el piso fugitivo y el pesado armazón de hierro, con un áspero rechinar de goznes y de cadenas, quedó inmóvil a la entrada de la galería.
El viejo tomó de la mano al pequeño y juntos se internaron en el negro túnel. Eran de los primeros en llegar y el movimiento de la mina no empezaba aún. De la galería bastante alta para permitir al minero erguir su elevada talla, sólo se distinguía parte de la techumbre cruzada por gruesos maderos. Las paredes laterales permanecían invisibles en la oscuridad profunda que llenaba la vasta y lóbrega excavación. (...)
Quienes se interesen por la obra de este escritor chileno obtendrán muy buena información en el Centro Virtual Cervantes.
Mi tributo a los trabajadores que, cada día, van a buscar su amargo destino en las entrañas de la tierra. Y aunque mi amo me mate / a la mina no voy. /Yo no quiero morirme / en un socavón... Que suene el canto lúgubre de los negros esclavos, camino al socavón.
4.6.04

¡Mi primer texto publicado! Se presentó en la Feria del Libro, y he descubierto que, más allá de que a alguien le suene "cursi" su título y los críticos de Teoría Literaria me despellejarían, en un rincón de alguna de sus páginas espera una frase con la que se identificarán. Se los prometo, mujeres...
30.5.04
De trovas y trovadores
Para los que todavía creen que "vale la canción buena tormenta", hay un sitio más que recomendable. Allí se sentirán en el hogar de la trova, y, como rezan estos versos de bienvenida:
Desmientan al que diga
que la trova ya murió.
La trova no ha muerto, no,
pues aún vive en el alma
de quien la oyó y la cantó.
Escuchen con atención
lo que dice mi cantar:
que surjan más trovadores
que la trova es inmortal.
(Frank Delgado):
Diríjanse con urgencia a Cancioneros.com (Cancioneros de trovadores)... Hay mucho para ver, soñar, leer y cantar...
Desmientan al que diga
que la trova ya murió.
La trova no ha muerto, no,
pues aún vive en el alma
de quien la oyó y la cantó.
Escuchen con atención
lo que dice mi cantar:
que surjan más trovadores
que la trova es inmortal.
(Frank Delgado):
Diríjanse con urgencia a Cancioneros.com (Cancioneros de trovadores)... Hay mucho para ver, soñar, leer y cantar...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


