3.11.11

"A favor de los pequeños..."


La vida está llena de mártires. No de los que nombra la historia con pomposidad o desprecio, según. No. La vida está llena de pequeños mártires y de pequeños crápulas también. Eso, también. Allí, en la mediocridad cotidiana, se reproducen los grandes gestos de la historia. O al revés. ¿O al revés?


Ella, con el papel en la mano que la condenaría y la salvaría, se repetía eso y se instalaba en su destino, el del que cae, el del que se da, el del que se entrega, y no consiente, consciente. Pequeñamente caía, se daba, se entregaba, en la pequeñez de su pequeña historia. Ella era su destino, con el papel en la mano.

 
Lo sabía, como sabía que la pequeñez del martirio no significaba pequeñez de sacrificio, sino lo contrario, paradoja igualadora, y siguió caminando presa de un vértigo que temió le impidiera dar los pasos necesarios hasta el final de la galería donde se escondía más que levantaba la oficina de Correos.


Pequeño gesto. Rebeldía tan pequeña. Y sin embargo… Le hablaba la abuela sirvienta. Le hablaba el padre, que lustraba zapatos a los 7 para comprar un pote de dulce de leche o un libro que calmara las ansias de escuela. Le hablaba la madre, que “trabajaba en casas” a los 8, 9, 10 años… Sostenían esas hablas.



Hay uno que se inmola para que otros... Lo sabía. Imaginó escenas de grandezas y de inmediato restringió la maniobra de ese pensamiento y hasta la grandilocuencia que había usado cuando se permitió el “inmola”. Era una nada la de su acto que la condenaba y la salvaba. Pero. Le llegaba el turno. Entregó el papel. Y se dispuso a ser lo que se propuso hacer.




Esta mañana te soñé..., Camilo.

Esta mañana te soñé..., Camilo. ¿O te deslizaste, felinamente sutil,
por alguna rendija, hasta mi duermevela?
Y me  hiciste saber, a tu personalísima  manera, 
sin gestos, sin sonidos,
que no olvidara dejar para vos tu agua fresca.
Y yo, que te sé tan cerca, ahora mismo pondré, 
en los rincones de mi sueño
y en los que frecuentabas,
una fuente azul para que sacies tu sed,
y pueda yo aliviar la fiebre 
de mi nostalgia.

Me besa en la frente

Me besa en la frente.
Me besa en la frente y todo mi cuerpo se rebela en convulsión de asco, escalofrío y repulsa contra ese beso que roza apenas la piel, que parece veneración pero es desapego, casi desprecio. No se besa en la frente a los que se ama, no hay pasión en el beso en la frente. Es un beso “y qué otra cosa”, un beso despedida, un beso que habla de muerte.
Me besa, entonces, en la frente, como a los difuntos, con la distancia, la lástima y las ganas de alejarse rápido de quien no significa nada o que significó algo pero ahora es un despojo, un simulacro de persona camino a la putrefacción. Ese convencional beso del rito por los muertos sobre la frente de esas cabezas que emergen obscenas de los féretros.
Me besa en la frente y yo lo odio por besarme en la frente. Y él sabe que lo odio y, por eso, vuelve a besarme en la frente. Y, como ya parezco muerta, lo dejo que me bese en la frente. Y, como aún hay en mí algún aliento de vida, siento ese beso en la frente y ahora puedo escribir que me besa en la frente como a la muerta definitiva que espera, la que ya no vea ni oiga ni sienta, y que el beso sirva para el propósito de los besos en la frente.
Me besa en la frente y me regala cada vez la escena: ya conozco qué rostro será su rostro cuando se incline sobre mi cabeza para darme un beso en la frente, porque asisto a mi funeral en cada ocasión en que me besa la frente.
Yo quisiera que no me bese en la frente. Yo quisiera irme. Quisiera que se fuera. “Pero los muertos están en cautiverio.”

25.10.11

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.


Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.


Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Este poema lo escribió Alfonsina unos días antes de suicidarse. He estado pensando en él. Y ahora mismo que decido publicarlo, leo su biografía y fue un 25 de octubre cuando partió para siempre. Es una casualidad que me asusta más. Pero dicen que hay que vencer el miedo a la muerte para poder ser  buen/a escritor/a. Por toda la vida que supo beber y toda la muerte que necesitó su dolor, salud, hermana Alfonsina.

19.10.11

Las gorras del Papá de Dorita


Todos los años, como regalo de cumpleaños, por Navidad o el Día del Padre, Dora le regalaba una gorra a su padre. Todos los años, el día del cumpleaños, del padre o de alguna fiesta, el padre recibía de Dora una gorra como regalo. Pero la gorra elegida nunca tenía la forma con que él la imaginaba ni le parecía que cumpliría apropiadamente su función de proteger su cabeza del frío. Decía que no, que gracias (poco convincentes), que esa no era la gorra que él quería. ¡Otra vez una gorra!
Sin embargo, Dora nunca abandonaba su misión anual de “encontrar la gorra que necesita papá”. Recorría negocios especializados, gastaba los últimos ahorros del último trabajo que había conseguido, y era generosa al destinar mucho dinero en la compra del adminículo para la sagrada testa cuando una buena entrada le iluminaba el bolsillo. Y todo eso para lograr dar con una gorra que el padre, recitando los mismos motivos, rechazaba.
El ritual perduraba. En la familia ya se sabía, cada año, que una nueva gorra pasaría a integrar la colección conservada en un estante de la parte superior del  ropero viejo del dormitorio mustio que el papá de Dorita (porque para él siempre era Dorita o “la nena”) compartía con la mamá de Dorita; frío y húmedo el dormitorio, como la casa y, que olía, como la casa toda, a fría humedad.
A veces, cuando era posible, la gorra regresaba al negocio donde había estado expuesta en espera de un mejor destino que la cabeza difícil de complacer del Papá de Dorita. Esto último evitó que se acumularan en exagerado número, con el inminente peligro de inundación de gorras rechazadas, si el estante no fuera suficiente (gracias a su testarudo orgullo de sus capacidades) para contenerlas dentro del ropero, y se abrieran paso hacia… alguna cabeza de destino. Aunque, ofendidas por el destrato, siempre quedaba la posibilidad de que cayeran, subversivas, ávidas de cumplir “la misión” que las había convocado, sobre quien abriera el robusto ropero de antigua data, pese a las mentadas cualidades del estante “de arriba”.
Todos los años, entonces, Dorita compraba una gorra para su papá en las fechas que el calendario marca como imprescindibles para acordarse de los seres queridos y nos perturban la vida haciendo que compremos gorras que serán refutadas. Como las que Dorita compraba para su papá, claro. “Me queda grande, me queda de lado, este color me hace ver ridículo, no ves que no es para mí, no, no, no es lo que yo quiero, yo quiero del tipo de las que cubren aquí, ves, así, para este costado, y sin tanta visera, y no, qué me trajiste, otra vez una gorra, a ver… No, si ya sabía que no me iba a quedar bien, para qué te molestás…”.
Liturgia perversa: Dorita empeñada en conseguir la gorra que finalmente Papá aceptara y, encima, como premio, le regalara una sonrisa y se pusiera contento aunque Racing ganara sólo por un gol de diferencia y jugando mal. Y Papá se ponía como loco, se encerraba ese y todos los domingos para no escuchar “el partido”, porque seguramente su equipo favorito lo defraudaría y encima tendría que escuchar las alabanzas que recibía Boca porque, periodistas vendidos, todos hablan bien de los “bosteros” porque da más plata. Y, en medio de los rezongos, reprobaba la enésima gorra, si había caído de regalo en un día coincidente con “el evitado encuentro futbolero”.

Pero Dorita seguía comprando la gorra, contumaz en su deseo. La gorra llegaba envuelta con esmero, o simplemente dentro de una bolsa. Después de todo, Dora era humana y, en ocasiones, se rebelaba a tener que rogar “es para regalo”. Viajaba en remís o en colectivo (Dorita, y la boina) en ese día especial, y llegaba a la casita de jardincito mínimo y mínimas expectativas, y entraba llena de esperanzas que se fundían como la cera de la vela, lánguida y descorazonada, cuando oía que no, que no era esa. Claro que se le empalidecía el entusiasmo, pero sin asombro. Sin ningún dejo de asombro. ¿Gorra?, que no, esta no me queda… ¿Te das cuenta?, aquí, yo quiero que me tape aquí… ¿Comés algo?

Han pasado gorras y mucho tiempo. Y aniversarios y cumpleaños. Y mucha vida. Ya a la cabeza del papá de Dorita sí que le vendría bien una gorra que le proteja los pocos  pelos que le quedan. No sorprende que esto haya dado brío a la ilusión de Dorita, con el argumento de que, por fin, algún día de cumpleaños  o para Navidad, es decir, muy pronto, él diría que sí, porque la cabeza calva de su papá se protegería cuando saliera dando esos pasos arrastraditos de toda la vida, hay que ser sinceros, para hacer las compras en pleno invierno… Pobre papá.

El otro día la vi a Dorita. Llevaba una caja envuelta en cintas azules. Redonda la caja. ¡Una gorra!, casi se me escapa. Y pensé en qué día era. Junio. Helaba el viento cruzado que levantaba unas hojas que los árboles habían tratado de retener para ser ocres todo lo posible. ¡Llegaba el Día del Padre! Claro. Es que yo hace rato que ni pienso en ese día. Alguna vez, hace mucho… Aunque, eso sí, por suerte me avivé a tiempo de que no vale la pena andar comprando gorras que nunca, pero nunca van a quedar bien en la cabeza de Papá. Con Dora no puedo compartir esto. Se desmayaría. Además, no escucha. Sólo oye la voz que pide una gorra, y ella sale a buscarla.

Mi tía Olga y la Coca Cola

Mi infancia no fue paraíso alguno. Pero tampoco, como dice Benedetti que es posible que sea la infancia, "un infierno de mierda". Digamos que conocí una parte del primero y una buena porción del segundo. Qué se le va a hacer.

No voy a enumerar las ausencias que me convirtieron en una nena rodeada de adultos. Imaginen. 

Me dedicaré, en cambio, a rescatar un preciso momento, una frase reveladora, que las circunstancias antes mencionadas permitieron se me confiara para contribuir, digamos, a mi incipiente conciencia política (sí, leyeron bien, una niña no discrimina tópicos y es terreno fértil para el ¿adoctrinamiento? cuando asiste a las conversaciones de los "grandes", especialmente cuando, como adelanto, se la convierte en interlocutora, o receptora, mejor dicho, de mensajes ideológicos). 

La frase en cuestión me la regaló mi tía Olga, mi adorada tía Olga, que me abría las puertas de la zona Paraíso de mi infancia. Esa frase, consigna quizás, se metió en mi cabeza con una naturalidad y una intensidad que agradezco.

Aquí va. Previa introducción, claro, porque estoy aquejada de palabras que andan pidiendo pista. Una pista que no se extenderá más allá del punto final que cierra la frase. Lo prometo.

Mi tía Olga (estoy segura de que fue un dia de invierno con sol, mientras caminábamos, lo imagino, por el césped, en la zona donde, enmarcados por una crucería de cañas, se erguían unos  maravillosos, destellantes, justo, justo, pensamientos), con el énfasis que la caracteriza, los ojos grises verdes radiantes, segura de la verdad contundente que me transmitía, teatralmente magnífica en su gestos, dijo:

--Mirá, nena. A vos te pueden decir "esto es agua" pero lo que te dan es Coca Cola. Vos elegís. O te dejás convencer de que estás tomando agua o bien decís "no hay otra cosa y me quieren hacer creer que estoy tomando agua; pero esto, esto es Coca Cola. Esto, esto es Coca Cola".

13.10.11

Vida nublada


Ay, la carrera que no fue, en la que no me consagré. 
Ah, bueno, está la enseñanza.
Ay, no, ya no enseño nada, ni lo elemental de lo elementalísimo que supe aprender.
Ah, bueno, todavía puedo regresar a la escuela. 
Ay, no, la edad y los impedimentos de la salud. 
Ah, bueno, se puede uno remendar los daños. 
Ay, no, que la medicina paga no da en la tecla. 
Ah, bueno, el sillón y los libros consuelan dolores.
Ay, n lo menciono de vergüenza, los libros que no leí, tantos, esos nombres que no significan nada y las revistas especializadas y los hombres sabios mencionan, imprescindibles, obvios. 
Ah bueno, siempre se puede volver sobre los libros.
Ay, no, la vista no responde y el tiempo ya no alcanza. 
Ah, bueno, pero de lo que recuerde surgirá otra vez la musa...
Ay, que no he escrito nada respetable.
Ah, bueno, pero la literatura no me es tan esquiva, la escritura, a veces, me acompña, y lo bien que redacto algunas cartas. 
Ay, no, ya ni eso. Ni ganas, ni fuerzas, ni esperanza. Tan poca disciplina. Y esta ansiedad que mata. Ah, bueno, pero tú editas...
Ay, la edición, una puerta abierta para volver a la… 
Ah bueno, no, ya no. Ya no más. Ídem y más ídem.
Ay, ay de mi profesión imperfecta, mi profesión que nunca fue. Mi profesar de nada.
Ah, bueno, están los hijos y el hogar, y la cocina con ventanal al verde y olor a puchero. Ay, muy ay, no, no se hicieron hijos, ni hogar, ni cocina, ni está el puchero cociéndose en la olla.
Ah, bueno, pero la familia.
Ay, de mis padres que se fueron y eran mi ancla. Ah, bueno, quedan los hermanos y… Ah, no, no, qué hermanos. Maldito destino de hija única.
Ay, de los amigos que se fueron yendo. 
Ah,bueno, los que se quedaron... 
Ay, no, están con sus vida, en sus cuestiones cotidianas. Mejor no llamo. 
Ah, bueno, te dirán que sí, verás, cuando lean estas palabras.
Ay, me temo, precisamente, que las malentiendan.
Ah, bueno, también, con tu exigencia... Mejor recuerda.
Ay, de los amores truncos, de los que no fueron. 
Ah, bueno, tengo a mi compañero. 
Ah, no, olvidé que ya se está marchando.
Ah, bueno, ¿y esos otros seres que son tu compañía?
Ay, por qué llegaron para irse tan rápido, mis niños gatos, cómo los extraño. 
Ah, bueno, queda ella, la cariñosa, tu callejerita. 
Ay, ya va para grandecita y esa tos… 
Ah, bueno vendrán otros.
Ay, ¿y si no ha entereza para afrontar el sufrimiento de perderlos?
Ah, bueno...

Ay, de este saber del error de haber nacido. Ay, de la cobardía de no morirse. 
Ah, bueno, se puede tener un momento de coraje, abrir la llave de gas, unos tajos en las venas, tomarse las pastillas, no ver el tren que llega. 
Ah, no, no hay coraje. Ni una pizca para redimirme.
Ay, habrá que ir sobreviviendo, lágrima a lágrima, hasta que me arrime al final o el final se me anime. 
Ah, bueno, entonces hay salida. 
Ay, pero qué salida de tan poca elegancia. Ay, ay de la vida nublada.

7.2.09

Si todos escribimos... Sí, todos escribimos. Pero ¿quién lee?

Vuelvo al blog sabiendo que la respuesta es que nadie. digo, Nadie (nadie) lee mi blog (y aquí incluyo la broma de Ulises, el de la Odisea, que se llamaba, en verdad, Odiseo, claro).
Pero tengo que algo para decir, como parece que sucede con las muchedumbres que ahora pueblan los espacios que Internet ha abierto en sus múltiples formas.
Blogs, blogosfera, y otras denominaciones que ahora no me vienen a la mente, sirven como soporte textual para que podamos todos escribir aquello que necesitamos/deseamos/soñamos... Hay lugar donde escribir, como si nos hubieran regalado una enorme pizarra en pleno sitio público, y nos invitaran a dejar un graffitti que, además, tendrá la ventaja de ocultar el momento, nos permitirá la misma privacidad que requiere la escritura, pero al mismo tiempo la ventaja del más popular de los medios de comunicación.
Pero... ¿alguien lee lo que escribimos? Sé que hay circuitos de lectura en Internet, pero no sé si va más allá de aquellos que acostumbran a leer y, más aun, los que aprovechan, gustan, aceptan la polémica. Entonces, se cierra ese ciclo al que siempre se menciona cuando se habla de un tradicional libro escrito en papel y publicado por esos medios que ya parecen obsoletos y muy pero muy mediatos: se completa la producción textual.
Ahora bien, es tanto, pero tanto lo producido y tan poco el espacio para la "escucha", que me atrevo a decir que todo queda en generar y poco en recibir. Digo, muchos escritores, pocos lectores. Muchos dispuestos a colgar en posts, mensajes, escritos, blogs... lo que piensan, sienten, critican, sospechan... pero muy pocos para "ver qué pasa" en lo que otro escribe.
Quizá me equivoque y espero que así sea. Pero, por ahora, la imagen es la de una compulsión hacia afuera que no permite la inclusión del discurso del otro.

En fin, en eso quedará también este mensaje en este blog, que sé que es "visitado"; pero son visitas de "paso y me voy enseguida", esas que nos dejan con las ganas de una conversa que, por ahora, no llega.

Nadie leerá mis palabras. Ah, Nadie, qué poder te ampara.

23.11.08

Copa Davis... Soberbia y más allá la decepción


Y dijo Del Potro: "Que venga Nadal". Y aseguró que le sacaría los calzones del orto. Y se arrepintió Del Potro de que la euforia haya permitido la sincera expresión de la soberbia nuestra.
Pero luego, dicen, entonado por amigos, en medio de un festejo, se despachó con "Que traigan al "galleguito..."
Beatriz Sarlo, que todavía sigue siendo una intelectual aunque maltratada, nos alertó sobre la similitud de la malhadada expresión. ¿Se acuerdan del "que traigan al Principito", que soltó el maldito Benjamín desde las "recuperadas Malvinas?, nos recordó.

Bueno, pues vino ESTE galleguito y no dio lugar a sacarle los calzones a Nadal ni a nadie. Nos metió, eso sí, la bravuconada por el orto. Y se comió la ensaladera.

9.8.08

Borrame de la libreta de direcciones, ¿querés?

Digo yo, que hace mucho que no vengo por este blog, ¿por qué no se van a la reverendísima todos los que me envían mensajes para: 1. poder cumplir con el mandato "cadeneril" y esquivar la mala suerte por no mandar 20 mensajes en los siguientes 3 minutos (porque todos somos muy racionales, los que decimos serlo, pero por las dudas, ¿no?); 2. saludar con copia oculta a muchos a todos esos muchos, lo cual me rompe soberanamente todo lo que puede romper una actitud así; 3. amigos de "toda la vida" los cuales, porque se olvidaron de que existen los teléfonos, de que las llamadas locales no son caras, te envían un mensajito cuando se acuerdan de abrir el programa de correo (digo, quién puede hoy vivir sin un programa de correo que esté "de turno las veinticuatro horas". 4. LO PEOR, amigos que fueron y hoy ni te dan la hora, pero cuando NECESITAN algo, te hacen algún pedido, desde afecto porque le afanaron el estéreo del auto (sic, me sucedió), hasta solicitud de reenvío del mensaje para publicitar una actividad con la cual GANAN MUCHO MÁS QUE NOSOTROS; esos que uno sabe que la hicieron bien, se posicionaron por el enrosque y los "contactos", y dejaron de reventarse para pasar a lo que se llama "gerencia operativa", "relaciones públicas" y otras yerbas (sic, también lo he padecido).

Así que lo dicho, borrame de tu libreta de direcciones, ¿querés?

Te lo digo con todo mi resentimiento. Yo, la renegada, es decir, doblemente negada, muy negada..., pero negada en serio a esta manipulación cibernética del afecto en cuentagotas y la amarretería. Amigos son los amigos de los amigos que te hacen un favor. Andáaaaaaaaaa.

27.2.08

Y ahora Silvio no estará tampoco...

Como dijo el amigo de un amigo de mi marido, sobrevivía a los años de la dictadura (que fueron 8) y me banqué el menemato (10 años). ¡Es mucho en la vida de una persona!
Este amigo de un amigo de... se rajó del país, porque pensó que ya había padecido lo suficiente.

Los que nos quedamos, ayer y hoy, acudimos a sueños, a fantasías, a algunas mínimas felicidades para seguir viviendo.

Pero en este momento siento que todos esos años se me "vienen encima", junto con la sensación de que no me quedan muchos sueños y ciertas alegrías ya no están.

Fidel no es más presidente de Cuba. Nunca vi La Habana (ni entraré allí) sabiendo que Fidel es quien siempre tendría que seguir siendo.

Y ahora, como un eco de cosas que se van irremediablemente, Silvio Rodríguez anuncia que se despide de los escenarios, que su vida de cantante se termina, que se dedicará a componer.

Está bien, lo entiendo. Pero la vida, digamos, va siendo menos parecida, absolutamente menos parecida a como la imaginé en mi adolescencia. ¿Que tengo que crecer, como sugieren los yanquis en estos casos? No way... Soy del partido de la nostalgia de las cosas que fueron y las que no. He dicho.

Yo he preferido hablar de cosas imposibles,
porque de lo posible se sabe demasiado.

19.1.08

Starbucks instead of Books (en lugar de libros... Starbucks)

En el local donde funciona la librería Yenny se abrirá el primero de la cadena Starbucks, una cafetería que produce "en serie".

¿Hace falta decir que me gustaría saber que si se lee menos o las multi reventaron el mercado con un exceso de librerías, superpoblación de objetos libros y descuido de los textos que se publican?

Es todo un símbolo reemplazar una librería que responde a una cadena por una cafetería que responde al mismo sistema...

Lástima que no estoy segura de que regresen los libreros, esos tipos que eran capaces de sacar una joyita, explicarte el realismo mágico, o decirte qué libro regalarle a tu pariente o amigo si le dabas 4 o 5 datos de esa persona. Libreros porque leían lo que vendían, digo...

Cosas de la globalización.

18.1.08

Los antidepresivos y yo

Nueva investigación
Por Benedict Carey
LANACION.com Ciencia/Salud Viernes 18 de enero de 2008



Copio el vínculo de La Nación porque la nota vale la pena. A mí me sirve para constatar (uno siempre es inseguro) que lo del pastillaje que alguna vez "posteé" está vigente (fijarse en la cifra de consumidores de antidepresivos), tanto porque se corrobora que el mercado farmacéutico maneja las decisiones médicas como, en lo personal, que no soy tan "bicho raro" que no soporta los efectos secundarios de un Prozac o una paroxetina...

Tengo mucho para decir al respecto, pero me gustaría oír las voces de los antes "guardianes" de la palabra que curaba, o algo parecido, y que ahora (lo ha dicho el mismo Pavlovski), ante la evidencia de que el psicoanálisis no ofrece soluciones, por lo menos en lo inmediato, para neurosis, psicosis et al, bajan las banderas y se resignan a recetar "la pastillita salvadora".

Y esta la sigo, seguro, porque hay mucho para decir.

Por ahora, por favor, cuando su médico o psiquiatra le recete un antidepresivo en la primera visita, al menos, dude..., dude y luego actúe. Porque el cuerpo y la mente, mientras podamos estar en control de nuestras resoluciones, nos pertenecen...

Hasta el proximo.

13.1.08

El aura...

¡Feliz año nuevo 2008! En fin, es un poco tarde, pero, en verdad, el año está recién estrenado. Si acabo de quitar luminarias y otros adminículos kitsch que uno, alienadamente, coloca para no quedar al margen de ¿los festejos?


Aprovecho para explicar el título de este post. Pues se debe a la publicidad, que copio a continuación, que apareció en la revista Ñ de este domingo 13 de enero, de un libro cuya autoría es de las llamadas "de equipo editorial", pero cuya edición estuvo a mi cargo. Es decir, plan de la obra, material de consulta, supervisión y corrección del texto redactado, marcación para el diseño, discusión respecto de la mejor resolución para la tapa (que no era mi preferida, pero en fin...). Y el tema está abordado sin "tomar partido", es decir, es expositivo-explicativo, usando la jerga ad hoc. Pusieron mi nombre precisamente porque no es libro de autor. Y lo agradezco, porque si hay una tarea "invisible" en la edición de un libro es la del "editor de mesa", del corrector y de muchos que hacen que un libro sea el soporte que es del texto escrito.


La seguimos...










30.12.07

Pasarla bien

Una buena nota de La Nación de hoy, domingo 30 de diciembre. Ah, y gramatical y ortográficamente bien escrita, algo que se agradece.

Reflexiones
Por Cecilia Absatz
LANACION.com Revista Domingo 30 de diciembre de 2007

La felicidad

¿Ja, ja, ja, ja? Uno de esos temas, claro.
"¡Felices Fiestas!", decimos en estos días, casi imperativamente. Siento que, en los últimos tiempos, más que el deseo de que uno esté bien, está la orden. Para ponerlo en ejemplos, pasamos del "Que lo pases bien" a "Pasala (pásala/pásela/pasadla/) bien". Es decir, no vayas a dejar pasar la oportunidad de divertirte.

Y del placer espontáneo de la diversión, que pocas veces tiene que ver con planes, proyectos y horarios, vamos pasando a "trabajar" para la diversión o la felicidad, a pagar altos costos.

No me extiendo más y me quedo con una frase que le tomé prestada a mi amiga Alejandra, muy sabia ella "Es mejor no depender de muchas cosas para ser felices..." Y está buena. Porque no me dice que me resigne, que me contente con poco; me dice que "no dependa de mucho", con lo cual me obliga a pensar, a usar la imaginación, a mirar lo que está a la vista para transformarlo, lúdicamente, en motivo de felicidad.

Por eso, me resisto a creer que para ser feliz "es necesario" tener o hacer algo. Y tampoco valen las recetas. Y sí estoy convencida de que, en este mundo, está abolida la melancolía, la tristeza se ve como algo abominable, y, culpa de la tinellización de la cultura, mejor que "pum para arriba" o uno te quedás "out".

En otro post la sigo. Voy a ver qué queda en la alacena así fabrico algo de felicidad. Y si no, tan contenta con mi neurosis, sí, ésa que impide el goce, según la fauna del psicoanálisis ha establecido.

Y sigo aquí, así le doy materia a Birmajer para que teja su tela de felicidad de autor publicado... Qué lo parió, Mendieta.

25.12.07

¡¡Estamos hechos!!

Hace meses que no piso este, mi blog, pero la noticia que acabo de conocer me obliga, sí, me OBLIGA a volver.
Y es que Valeria Massa ¡por fin tendrá una nena! Si algo faltaba para una perfecta Navidad, era esto. Nacerá la princesita de los Gravier Massa... Qué felicidad. No puedo seguir, mis dedos tiemblan de emoción.

Lo dicho, ahora sí "estamos hechos".

8.7.07

FEDERER

Pregunta maldita... ¿Federer es el mejor en pasto porque tiene que "alimentar" a una vaca?






3.7.07

BO... BO...CHINI


NO SE LLAMA MARADONA



NO ES ALONSO NI PELÉ



ES EL MAGO BO... BOCHINI



EL MEJOR NÚMERO DIEZ.


Porque sos la magia, el "romanticismo", la pura gambeta, el juego de ingenio frente a la tropelía y al amarretismo, la "cabeza levantada" para mirar dónde pasar la pelota que llevabas "atada" con el piolín de tu ingenio... Porque ya no hay, no habrá más "amor a la camiseta", la tuya, la rojísima camiseta del diablo rojo de Avellaneda, rey de copas para siempre. Por un tiempo que se fue y no vendrá, pero que te quiere aquí para recordar que el "sueño del gol" divertido y generoso, todavía, existe.
GRACIAS, BOCHA. Que el corazón siga latiendo por muchos años. Rojísimamente independiente.

17.6.07

¿Quién inventó del Día de(l)

La respuesta más habitual: los comerciantes. Digamos que sí.
Pero tengo para mí que el primer Día de... (escriba aquí el parentesco pertinente) se le tuvo que ocurrir a alguien. Ese alguien debió ser o bien el propio pariente que quería ser agasajado o bien el que se sentía culpable por algo y quería remediar el hecho... ¿Desvarío? Es probable, pero a veces de las alucinadas mentes de los solitarios nacen algunas verdades. Digo, para mi consuelo.
Así que me gustaría saber a quién se le ocurrió pedir la institución del primer Día de... al que le siguieron muchos otros.
Los que hacen el negocio sospecharon la ganancia porque para eso están, y eso generó la proliferación posterior, con lo cual ganaron protagonismo los familiares lejanos, los conocidos, los allegados (como la famosa secretaria..., que es una especie de pariente, si le damos un significado más extenso al término).
Vaya mi repudio a ese o esa que logró que se festejara el Día de, para desgracia de los que sufren ausencia de ese(a) (escriba aquí el parentesco pertinente) o su presencia indeseable pero imposible de eludir.
Es aún responsable de malos ratos, discusiones, gastos, incomodidad, lágrimas. Por otro lado, ha generado una violenta e irrefrenable secuela de expresiones de amor compulsivas, causadas por la necesidad de "estar de acuerdo" con la demanda social, y obligado a sentirse amoroso, comprensivo, lleno de amor a ese "pariente" celebrado en el Día de..., y a los que lo encomian ese día.

En esta hora de soledad, en el Día del Padre (que es el pariente de turno), me propongo no sufrir de ausencia de celebración, no lloro que no esté para comprarle el regalo que no pedía ni pediría mi padre, como tampoco no poder halagarlo porque lo hice cuando pude y si no, ni modo de remediarlo.
Tampoco me permito la lágrima fácil de no haber hecho padre a alguien; además, quien ahora está conmigo no lo quería ser y, para colmo, él está cumpliendo el ritual con el suyo propio (oh, yeah), así que ná de ná.

Y como están todos ocupados con el cermonial del día, sigo en la soledad pensando quién inventó del Día de... y me digo que probablemente, si me lo propongo, lo encuentre y entonces se las verá conmigo.

Feliz día, gente.